miércoles, 19 de noviembre de 2014

Me disparó como si nunca me hubiese querido.

Me preguntan que se siente cuando se es feliz y para mí es inevitable hablarles de ti. Les digo que felicidad es encontrarte a la entrada del instituto, apoyado en la puerta con esa sonrisa tan tuya, dispuesto a darme algo más que un par de besos. Ser feliz es notar como me abrazas por la espalda al verme seria, y decirme alguna que otra tontería al oído, para ver una vez más mi bonita sonrisa. Felicidad era girarme en mitad de la clase y pillarte mirándome, apartar la mirada y reírme sabiendo que tardarías dos o tres segundos en acercarte a besarme. Felicidad era sentir tus respiración cuando te dormías sobre mis piernas, porque yo no podía dejar de acariciarte el pelo distraída mientras veíamos cualquier programa de televisión. Ser feliz era poder ver lo bonita que era Sevilla de tu mano, entre risas y besos inesperados. Y por eso les he vuelto a hablar de ti. De ese chico al que le encantaba hacerme cosquillas porque adoraba mi risa tonta, aquel que antes de irse te besaba en la mejilla en vez de decirte te quiero. Aquel chico dispuesto a parar balas de cualquier persona que quería hacerme daño sin saber que dentro de poco, él sería la persona que se encontraría detrás del gatillo a nada de dispararme. No sabías ni siquiera en qué parte del cuerpo me habías disparado, sólo notabas como estaba sangrando por ti. Rojo, como el color del pintalabios que tanto te gustaba quitarme a besos. Rojo, como el color de mis ojos cuando pasaba más de una noche llorándote sabiendo que todo esto iba a acabarse. Rojo, como mis nudillos por los mil golpes que le había dado a la pared intentando sentir un dolor más fuerte que el de perderte. Rojo, como el color de tu camiseta favorita que tantas mañanas me ponía sabiendo que para ti no había nada más bonito que encontrarme preparándote el desayuno con esa camiseta tuya. Y vuelvo a mirarme las manos, sin creerme que la persona que tanto me había querido es la única que me ha hecho daño; pierdo las fuerzas y acabo de nuevo tirada en el suelo como muchas otras tantas veces he acabado ahí, esperando a que volvieses a por mí, y nunca volvías. Le miro sin reconocerle, intento quedarme con cada mínimo detalle de él, porque sé que esa es la última vez, que esa es nuestra despedida. Y quiero desaparecer como he querido ya tantas veces, no sé cómo la gente se sigue creyendo que todo me va bien, y yo mientras intento también creérmelo, pero no puedo. He intentado recordar cómo era mi vida antes de él y parece que los recuerdos contigo me empañan esa vida a la que tanto deseo volver. Desapareceré de la misma forma que tú quisiste acabar con todo esto poniéndote al otro lado del gatillo, sabiendo que cada noche que me decías que estabas dispuesto a morir por mí y al final, que irónica es la vida, la que ha acabado muriendo he sido yo.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario