Mi cama huele a ti, a lo que fuimos, a lo que nunca seremos. Huele a nosotros, a todas esas tardes mirando al techo mientras me repetías una y otra vez que era tuya, que nadie había como yo, que sin mí morías. Hoy estoy sola, en la cama que hace unos meses era nuestra, sin ti. Sigo esperando a que vuelvas y me digas que me quieres, que todo fue un error, que me necesitas. Y eso es lo que necesito, necesito que necesites la necesidad de necesitarme. Necesito no tener que fingir ser feliz, necesito serlo, es jodido, como todo desde que no estás. Pero claro, supongo que tú ya tendrás a otra que te dé todo lo que yo no pude darte, que te diga todo lo que yo no pude decirte, supongo que tú ni siquiera te acuerdas de ese “siempre te querré”, pero yo sí, yo sí me acuerdo, y demasiado bien. Nadie sabe lo que daría por tenerte, por poder darte la mano y no volver a soltarla nunca. A veces que alguien te marque es una mierda, y tú no sólo me marcaste, tú me calaste hondo. Me hiciste quererte cada puto día, me haces quererte ahora más, cuando no estás.

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