Y de repente descubrió que ella era eso, un vacío, un suspiro, una canción, un párrafo, un acorde, una palabra; era algo en medio de todo aquello, algo que no puedes describir con palabras, algo que tienes que sentir para entender lo que es. Era la calle más bonita de Sevilla, en la que podías perderte para encontrarte, porque muchos hablan de Madrid, y es cierto, es preciosa, pero esa belleza no era nada comparada con la suya. Amores de invierno, amores de verano, amores para toda la vida o para un rato, para olvidar lo malo y amar poco a poco. Querer con los ojos, porque con el corazón es más complicado, y acabar loco de tanto amor. Y me da igual la gente, el tiempo, los comentarios o los prejuicios, no me quiero privar del sencillo placer de quererte. Hay que saber apreciar los pequeños detalles, el tiempo, la vida. Y he de decir algo, todo lo que dejamos atrás, y todo lo que nos queda por vivir, no es nada comparado con todo lo que llevamos dentro. Hay que saber apreciar el amor y sus consecuencias, las sonrisas, las tardes de verano o las noches de invierno. Pero ojalá hubiese sabido apreciarte, porque ahora sólo sé escribir de tu recuerdo, y no a ti, porque a ti hace tiempo que te perdí. Sólo quiero estar bien, aunque hace tiempo que no lo estoy del todo, exactamente desde que te diste media vuelta y te fuiste. Estamos tan lejos y a la vez tan cerca, como Enero y Diciembre. Siento si no me entiendes, siento si grito demasiado alto que estoy enamorado, pero no me sale de otra forma.

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