lunes, 15 de diciembre de 2014

84 días sin ti.

Llevo 84 días, dos mil dieciséis horas sin ti, y mejor no te digo los minutos para que no pienses que me acuerdo mucho de ti, y aunque te lo diga te dará igual, mientras para mí es un constante vacío porque cada segundo que pasa es uno más en el que no te tengo. He intentado ser fuerte y seguir con mi vida, así como parece que tú estás haciendo; con esa facilidad que me escuece, como si yo nunca hubiese sido tan importante como muchas noches me decías. Te veo feliz sin mí y no sabes como me duele, porque siento que cada minuto que paso sin ti, es un minuto menos para que conozcas a alguna persona que vea en ti lo que yo vi, y si por mí fuese, no le hablaría nunca a nadie de lo que llegaste a hacerme sentir, para que ninguna chica llegue a quererte como yo hice y voy a seguir haciendo el resto de mi vida. Hoy por casualidad, leí que en la vida hay dos tipos de amores; uno es el amor de tu vida y otro es la persona con la que te casas, y me gustaría que fueses la segunda opción, porque la primera ya hacía mucho que lo eras. Dicen que esa persona con la que naces destinada a encontrarte es la que sueles perder, esa con la que la química supera cualquier razón existente, pero que nunca alcanzarán ese final feliz que tanto deseas. Y luego está esa otra persona que podrá hacerte feliz, sí, pero no habrá ni un puto día en el que no recuerdes o necesites esos besos que el gran amor de tu vida te daba. Esa persona en la que estás pensando ahora mismo y que ya no está. Y por eso llevo 84 malditos días pensando en ti, porque sé que pasarán muchos más en los que desearé por encima de todo discutir contigo a besarme con otro cualquiera. Lo que él no sabe es que siempre que dejábamos de hablar, le decía te quiero porque nunca sabía cuando sería la última vez que podría decírselo, sabiendo que a él le encantaba escucharlo, hasta que llegó. Y no sabéis lo que llega a doler el saber que nunca más vas a escuchar un te quiero tan sincero como el de él, y aunque lo escuches sabrás que no vale ni la mitad de lo que valían los suyos. Y siento que cada segundo que pasa es uno menos para que él encuentre ese amor de su vida, porque yo, sin duda, no fui el suyo. Y él, sin duda, seguirá siendo siempre el mío, pasen los días que pasen, sé que si alguna vez llego a verle, mi corazón volverá a sentirse vivo como cuando le conocí, porque parece que ahora no late y si lo hace, lo hace por latir, por vivir, por seguir. Y yo en estos momentos; ciento veinte mil novecientos sesenta minutos después, uno más o uno menos, no lo sé, siento que no puedo sin él, que no quiero. Que no siento, que no vivo. Que sólo lloro y vivo pensando en que quizás algún día volvamos a encontrarnos y él me siga queriendo aún sabiendo muy en el fondo, que si nos volvemos a ver, él ya será feliz sin mí. Es fácil, ya lo está siendo, y yo por dentro siento que voy muriendo cada día un poco más. 

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